La Carrera de Bola Tarahumara o <q>rarajípari<q>

 Director: Andres Páez Chavira               Chihuahua, Chih., Sábado 26 de Julio del 2014

La Carrera de Bola Tarahumara o rarajípari

 
Es una manifestación cultural ancestral muy representativa de los Tarahumaras o Tarahumares, quienes prefieren llamarse a sí mismos rarámuri, es decir, los de los pies ligeros. Este grupo indígena, el más numeroso en la actualidad en el estado de Chihuahua al norte de México, puede presumir de su resistencia frente a los españoles en la época de la conquista, pues su división en pequeños núcleos y trashumancia, les permitió refugiarse en las montañas y barrancas de la Sierra Madre Occidental para mantenerse hasta el presente.



Con ellos permanecen también algunas de sus costumbres como la Carrera de Bola, juego exclusivamente masculino que se aprende en el seno familiar y se transmite de generación en generación. El encuentro se concerta con anticipación y es el chokéame, el organizador, el encargado de quedar en un punto de encuentro y realizar los preparativos pertinentes.



En el juego compiten dos equipos, cada uno con una bola hecha de madera dura, Comacali, proveniente de los majestuosos e intensos rojizos árboles de madroño. Esta debe ser lanzada por el aire y transportada hasta la meta con las manos y el empeine del pie. La carrera tradicional puede ser básicamente de tres tipos: grande, mediana y pequeña. Esto depende de la duración de la misma y la cuantía de las apuestas, aspectos éstos que suelen ir de la mano, dado que las carreras de largo recorrido realizadas por los corredores más resistentes, van acompañadas de mucha emoción y de numerosas y sustanciosas apuestas.



Algunas carreras pueden durar hasta dos días con sus noches, pero es claro que la velocidad de los corredores es menor que la que se tiene en las carreras que toman de 6 a 20 horas.



Como en muchos otros juegos, las últimas vueltas de la carrera son las más interesantes y, al fin y al cabo, frente a las cuales se despierta más expectación y atención. Sea que el primero en la meta haya completado todas las vueltas, o haya quedando por delante de su rival que tira la toalla, el ganador demuestra haber sido el mejor corredor o, al menos, el que ha contado con el mejor equipo.



Salta a la vista que la carrera rarámuri no se basa en el principio de racionalidad científica ni en el entrenamiento sistemático que se realiza en el deporte moderno de competencia. Lejos del sacrificio personal, los rarámuris llevan implícito el entrenamiento para la carrera en su vida cotidiana.



Desde su infancia, los niños desarrollan una excelente condición física cuidando los rebaños de cabras, ovejas o vacas que andan sueltas por el monte, pues el territorio es muy abrupto, lleno de quebradas en donde es preciso subir y bajar constantemente. En suma, las carreras de bola se han convertido en una de las peculiaridades culturales de los rarámuri y es esto, precisamente, por lo que son conocidos internacionalmente.